La Trampa del Camino Corto
Lucía y el abuelo caminaban por un sendero del parque que, de pronto, se bifurcaba. Uno era ancho, liso y recto. El otro, más angosto, se perdía entre árboles y curvas.
- Abuelo —dijo Lucía—, ¿vos hacés las cosas siempre así porque sos más inteligente?
—¿Así cómo? —preguntó el abuelo, sin entender del todo.
—Así... como siempre me decís... pensando un montón.
—No es por ser más inteligente —dijo—. Es por no apurarme cuando no hace falta.
Entonces el abuelo se agachó, tomó una ramita y dibujó dos líneas en la tierra: una recta y otra llena de vueltas.
- ¿Vos qué camino elegirías si estuvieras apurada? —preguntó.
- ¡El recto, obvio! Llegás más rápido.
- Ajá —dijo el abuelo—. ¿Y si no estuvieras apurada y esa línea fuera como el camino angosto que estamos viendo?
Lucía miró el camino angosto. Tenía piedras, sombras raras, subidas y bajadas.
- Capaz el otro… pero parece más complicado.
- Eso mismo hace tu cabeza muchas veces —dijo el abuelo—. Cuando ve algo complicado, dice: “No pienso más, elijo rápido”. Es como si tuviera un botón de ahorro de energía.
- ¿Como el modo batería baja del celular?
- Exactamente. En ese modo, el cerebro reduce opciones. En lugar de muchos colores, usa solo dos: blanco o negro, sí o no, bueno o malo.
Esta vez Lucía pensó un poco antes de continuar.
- O sea que cuando digo “esto es horrible” o “esto es genial”, ¿estoy usando ese modo ahorro?
- Muchas veces, sí. No es que esté mal —aclaró el abuelo—. Sirve para no cansarse todo el tiempo. El problema es cuando creemos que ese camino es el único que existe.
Lucía se quedó en silencio unos segundos.
- Abuelo… hay cosas que no me gustan nada. Por ejemplo, levantarme temprano para ir a la escuela.
- Perfecto —dijo él—. Probemos algo. Buscá una sola cosa buena de eso que no te gusta. Una sola. No diez. Una.
Lucía suspiró. Pensó. Pensó un poco más.
- Bueno… cuando me levanto temprano, después tengo más tarde libre para jugar.
El abuelo sonrió apenas.
- ¿Viste? No cambió lo que sentís, pero apareció algo que no habías tenido en cuenta. Una piedrita distinta en el camino.
Lucía miró otra vez el sendero angosto del parque.
- Entonces… pensar no siempre es elegir rápido.
- Pensar —dijo el abuelo— es animarse a caminar un poco más lento cuando el camino parece demasiado simple.
Lucía dio un paso hacia el sendero con curvas. Había decidido que explorar lo misterioso valía más la pena.
[[reflexion]] Reflexión del abuelo:
El pensamiento rápido es cómodo, pero no siempre es justo con la realidad. Cuando solo vemos dos opciones, casi siempre estamos mirando desde lejos. Acercarse, detenerse y buscar un detalle distinto no garantiza respuestas fáciles, pero sí preguntas mejores. Y a veces, eso ya es avanzar.