Si el dinero lo hacen las máquinas, ¿por qué no imprimen más y listo?
Una tarde, Lucía apareció con la frente arrugada de tanto pensar:
- Abuelo, si la plata la hacen las máquinas, ¿por qué no imprimen montones de billetes y listo? Así todos tendríamos mucho.
El abuelo sonrió y le contó la historia de su amigo Julián, el coleccionista de figuritas del barrio.
Julián un día se emocionó porque había conseguido la figurita más difícil: el arquero con guantes dorados. Todos lo felicitaban y hasta le ofrecían diez caramelos a cambio.
Pero pasó algo extraño: el dueño de la fábrica de figuritas decidió regalar a todos los niños del barrio esa misma carta, como si fuera una lluvia de sobres mágicos. En un abrir y cerrar de ojos, todos tenían el arquero con guantes dorados. ¿Y qué pasó? Dejó de ser especial. Nadie quería dar caramelos por ella, porque ya no costaba nada conseguirla.
El abuelo levantó un billete y dijo:
- Con el dinero pasa lo mismo. Si se imprime demasiado, deja de ser valioso, como esas figuritas repetidas que ya nadie quiere cambiar. Eso se llama inflación: los precios suben porque los billetes valen menos.
Tomás se quedó pensando.
- O sea que no importa tener “mucho” dinero si no vale nada.
- Exacto. Lo importante es que el dinero mantenga su valor, para que podamos confiar en él y usarlo sin que pierda su fuerza.
Y entonces agregó otra historia:
- Mirá, pensá en la feria de los sábados. La señora Rosa lleva solo una canasta de frutillas. Como hay pocas, todos se pelean por comprarlas y ella puede venderlas caras. Eso es poca oferta y mucha demanda. Pero si al sábado siguiente aparecen diez puestos llenos de frutillas, ya no son tan especiales. La gente puede elegir. Eso es mucha oferta y poca demanda. Todos los feriantes se verán obligados a bajar sus precios tratando de que la mayor cantidad de clientes les compren a ellos y no a los demás.
- ¡Ah! —dijo Tomás—. Entonces los precios siempre dependen de cuánto hay y de cuánto lo queremos.
- Tal cual —respondió el abuelo—. Por eso, imprimir más billetes no cambia la cantidad de frutillas ni de figuritas. Solo cambia cuántos papeles tenemos para pelear por lo mismo. Y así los precios se disparan.